Se trata de uno de los cultos más importantes que realiza la Cofradía de Nuestra Madre Santísima de la Soledad y Virgen de la Alegría. Originariamente, se realizaba en el interior de la Iglesia Colegiata, en torno a la Virgen de la Soledad, en la tarde del Viernes santo, después del rezo del Santo Rosario y antes de la Procesión general del Santo Entierro. Este Sermón se dejó de realizar en 1955, fruto de la reforma de la liturgia llevada a cabo por el Concilio Vaticano II.
En el año 2014, el Sermón de la Soledad fue recuperado por la cofradía, realizándose en la tarde del Martes santo, previamente al Rosario de Soledad y Espeanza que parte del Hogar de San José de Hermanitas de Ancianos Desamparados. Sin embargo, con la reforma del Rosario iniciada en 2022, dando mayor participación a cofradías y a todo el pueblo en general, se decidió trasladarlo de fecha al Viernes santo.
Fue el Viernes santo de 2025 cuando el Sermón de la Soledad se realizó en la Plaza Mayor, en el momento del encuentro entre Jesús Nazareno y la Virgen de la Soledad. El texto del Sermón de la Soledad se trata de alguna antigua meditación que se encuentra tanto en el archivo documental de la Junta de Semana santa como en el archivo documental de la propia cofradía.
SERMÓN DE LA SOLEDAD 2026.
¡Sola!
Con soledad de desierto, sin arbustos; con soledad profunda de noche, sin estrellas; con soledad de isla perdida en las inmensas lejanías del mar.
Así quedó María en cuanto el soplo helado de la muerte hubo contraído por última vez las pupilas del redentor, su divino hijo, y más aún, cuando la tosca piedra sepulcral le robó para siempre sus miradas.
Sola en el mundo… la que tuvo en el mundo la mejor compañía…
Sola en la tierra y sin cortejo, la Reina de toda la tierra… el gozo de todo el orbe… ¡Misterio insoldable de purificación! ¡Abismo de providencia! ¡Prodigio pletórico de corredención!
Sola en el cuerpo, con vacío de familia… de amigos… de consoladores…
Sola en el alma, con ausencia de luces, de horizontes, de alegrías…
Sola en el corazón… con la pérdida insustituible de su hijo, con la pérdida de su amor…
Era humana y… siente soledad humana… como los humanos la sentimos.
¡Sola… y triste!
La soledad oprime el pecho… sobrecoge el ánimo… engrenda tristeza
María está martirizada por el flagelo de una pena interior indescriptible. Brótala del mismo fondo de su ser, tremendamente sacudido por la rapidez y violencia de la reparación.
Los luctuosos sucesos se han agolpado sobre su cabeza, como los negros nubarrones de azabache sobre un jardín riente y florido.
Y su semblante, a despecho de su fe resignada, deja traslucir la tortura dilacerante de sus entrañas…
Esa corona de espinas no esta solo en sus manos… sirve de marco a su corazón.
Rostro de María, hermoso cual ninguno, espejo mudo y dolorido, que retratas la inmensa y triste soledad, de quien súbitamente se ha visto arrancada de un Dios. A ti vuelvo mis ojos en mis orfandades, en las negras horas de las soledades de mi corazón.
FRAY HILARIO DEL NIÑO JESUS O.C.D. (1954)